Facebook y la verificación low-cost

¿Qué valor real da Facebook a la labor de verificación de las noticias que circulan en la red social? Si atendemos a las declaraciones de sus ejecutivos y el propio Mark Zuckerberg en los últimos años, la lucha contra las noticias falsas y los intentos de manipulación de la opinión pública son ahora una de las prioridades de la compañía.

Los detalles que se han conocido tras el anuncio de Snopes y Associated Press de que no renovarán el contrato para verificar noticias con la red social, sin embargo, pintan una realidad muy diferente. Por el trabajo de filtrar y comprobar las decenas de miles de titulares que circulan a través de su red social, Facebook pagaba a Snopes sólo 100.000 dólares al año. Es decir, bastante menos de lo que cobra un único ingeniero al año en su sede de California.

Es importante subrayar la importancia de esta labor y el peligro que supone este desprecio por parte de la red social.

Facebook, guste o no, se ha convertido en la principal fuente de información para una inmensa proporción de la población. Sólo en EE.UU., los estudios realizados por el Pew Research Center apuntan a que el 61% de los menores de 35 años considera Facebook, y no las web de diferentes medios de comunicación, la principal vía para mantenerse informados. Entre los adultos de entre 35 y 60 años la cifra disminuye hasta el 51%, pero es aún así la forma más común de mantenerse al día de lo que sucede en el mundo.

El problema es que, como ha quedado demostrado a lo largo de los últimos años, la calidad de la información que circula por sus redes es cuestionable. Los algoritmos que rigen lo que ve un usuario al entrar en la red social están enfocados a aumentar el tiempo que permanece en al misma y tienden a fomentar por tanto información ligera y más centrada en el entretenimiento, o titulares «clickbait» o claramente polarizados que apelan más a la emoción que a la razón.

El hecho de que el diseño y aspecto de los enlaces a las noticias, vengan del medio que vengan, sea el mismo dificulta también discernir qué información viene respaldada por una publicación seria. Esto se ha aprovechado en los últimos años para lanzar campañas orquestadas de propaganda y manipulación, apoyadas por herramientas de promoción que la propia Facebook controla, pero a las que no suele prestar mucha atención.

El coste es alto y va más allá de influir en el resultado de unas elecciones. Lo hemos visto, por ejemplo, en la persecución de los Rohingya en Myanmar, intensificada gracias a estas herramientas.

Si realmente Facebook está interesada en mejorar la calidad de las noticias que circulan por la red social es vital que dedique más recursos a verificar la información que circula y promocionar las noticias que provengan de fuentes fiables. Es una tarea que ahora mismo no puede resolverse de forma automática, por mucho que los ingenieros de Facebook insistan en lo contrario. Los algoritmos, como se ha comprobado en varias ocasiones, son al final fáciles de engañar. Debe hacerlo con el apoyo de organizaciones y medios, con personas dotadas de sensibilidad informativa capaces de aportar datos reales y contrastados.

El coste puede ser alto (no tanto, en realidad, si atendemos a los beneficios de Facebook solo en el último trimestre) pero es parte de la responsabilidad que ha adquirido, voluntaria o involuntariamente, con los usuarios.